Cuerpo Presente: La ordinaria enajenación

Cuerpo Presente es la tercera obra teatral que da cierre a la segunda edición del Ciclo de Teatro Nacional bajo la dirección de Miguel Rodas.

Las cotidianidades de siete individuos, prolongan constantes interrelaciones, jerarquizando sus roles, en una comparecencia biomecánica. El engranaje de contemplaciones y arrebatos, perpetúa sus conductas, deteniéndolos en la realidad.

Una sinopsis de las que muchas veces espanta al público por su complicada redacción y rebuscadas palabras, aunque de por sí la historia es difícil de explicar sin revelar detalles importantes y quitarle la esencia al espectáculo cargado de fuerza, con un importante mensaje que te mantiene echando humo por las orejas intentando comprender el significado de lo que pasa en escena. 

Luz tenue, sonidos de gritos y objetos rompiéndose creaban una atmósfera de misterio y hasta por momentos de suspenso, que cargan al público. Se escucha un Guaraní fluido que es caricia para los oídos dando inicio a la obra, por lo que es recomendable pero no excluyente entender el idioma. En un vaivén de apariciones de cada personaje en los que se iban presentando las personalidades de cada uno, arrancaba la historia.

Personajes quitados de la sociedad que todos conocemos, llevados al extremo y relacionándose de manera hasta absurda para reflejar una realidad igual de absurda, a través de una mezcla de estilos diferentes como las construcciones de personajes llevadas hacia el teatro popular aunque la puesta en general presente recursos variados con resultado muy propio, propuesto por el joven director Miguel Rodas.

Una particularidad del espacio Estero Bellaco es su estructura y espacios varios con desniveles que cada obra supo utilizar a su favor para adaptar su escenario. Cuerpo Presente no fue la excepción ya que la entrada con escalones y rampa hacia donde el público observaba fue bastante funcional a la puesta y se prestó para contribuir a la escenografía más que nada simbólica, cabezas en las paredes y cuerpos que cuelgan del techo, que tienen un valor más estético y, de vuelta simbólico, que otra cosa.

Un elenco conformado por Lidia López, Felipe Jara, Laura Cañete, Ariell López, Silvana Schichting, Lorena Acosta, Carlitos Cañete, que funciona como un mecanismo de engranajes donde cada uno se mueve correctamente y hace que la obra funcione como debe. Destacamos la actuación de Lorena Acosta que con un personaje bastante limitado en cuanto a texto pero con su interpretación se gana la atención y la curiosidad del público. También Lídia López con una gran presencia escénica, una potente voz y gestualidad inunda los momentos en que entra en escena. Aunque es uno de los casos en los que realmente destacamos el trabajo en conjunto de todos los actores, en donde todos destacan y tienen su presencia justificada creando un verdadero disfrute para el espectador.

Verdaderamente una obra recomendada que la disfrutamos de inicio a fin pero más que nada por la experiencia que la propuesta crea para el espectador, con una comedia bien lograda y un mensaje social poderoso que nos lleva a la reflexión.

La obra presenta sus dos últimas funciones este fin de semana en Estero Bellaco con entradas a 40.000 Gs.

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