Mank: El sinuoso y complejo camino tras “El Ciudadano Kane”

La nueva película de David Fincher, protagonizada por Gary Oldman, profundiza sobre la historia del co-autor del filme que inaugura el cine moderno.

Mientras trata de acabar con el guion de “Kane” y lidia con sus problemas con la bebida, el escritor Herman “Mank” Mankiewicz es testigo de la convulsa realidad del Hollywood de la década de 1930.

Iniciamos con un breve y necesario contexto: tras su salto a la fama con la versión radiofónica de “La Guerra de los Mundos”, el novato actor y director Orson Welles es llamado por la productora RKO para realizar su primera película, sin ningún tipo de atadura creativa; es así que decide acudir a Mank para escribir juntos el libreto de la misma. Aprovechamos para aclarar que si no viste “El Ciudadano Kane”, un verdadero clásico universal, es probable que te cueste un poco entender la trama de “Mank”.

Otro dato importante a considerar, es que existe una gran disputa por el verdadero crédito de la autoría del guión, algo que vemos dentro del filme pero tratado ya fuera del gran conflicto que realmente generó. Según la crítica Pauline Kael, quien escribió un ensayo sobre el clásico de 1941, los créditos corresponden exclusivamente a Mank, afirmación bastante polémica al defender esto frente al pensamiento del director-autor, dueño y amo de las películas, mentalidad -de la cual Welles es fiel representante- que deja atrás a todos los profesionales que integran una producción.

Ya vamos tres párrafos y no hemos empezado a hablar directamente de “Mank”, y es que cuando la ves te pasa lo mismo: a menos que seas un verdadero fan del cine, con cierta cultura general, difícilmente vas a sentirte atrapado de buenas a primeras sin toda esta información previa. El director asume que ya vimos “Kane”, lo que puede dejar a mucha gente sin poder apreciarla desde el inicio por estos detalles históricos relevantes para la trama.

El libreto original de “Mank” es del difunto Jack Fincher -padre del director David Fincher-, basado claramente en el ensayo mencionado anteriormente, presentándonos el camino que llevó a Mank a los diferentes momentos que dieron inspiración a la escritura del libreto, el cual redactó postrado en una cama con una pierna dañada, en una casa aislada y lidiando con el alcoholismo.

La historia transcurre entre un humor cínico y una estructura fragmentada, sello de esa nueva forma de relatar historias que nace en el cine justamente con “El Ciudadano Kane”, partiendo del concepto de un mundo que se acelera, donde las cosas no tienen demasiado sentido y nos sentimos con ideas sueltas que aparecen y desaparecen, noción que explica el mismo Mankiewicz en la película de forma muy precisa.

Mank, interpretado por el ganador del Oscar Gary Oldman, es un personaje sagaz, que se siente como escritor en lo que dice y cómo lo dice, en un registro actoral que sale por poquito de lo que estamos acostumbrados y potenciado por un tono teatral acorde al que regía aún en ese momento de la historia del cine. El acompañamiento más llamativo dentro del cast es sin dudas el de Amanda Seyfried, cuyo rostro es claramente perfecto para la película, con rasgos que se asemejan a los de las actrices clásicas de la época.

El relato de la decepción de Mank transcurre en medio del brillo de la época de oro de Hollywood, opacada por la decisión de realizar la película en blanco y negro, con un ritmo que se acelera conforme avanza la película y que es propulsado por la musicalización de Trent Reznor y Atticus Ross, quienes plantearon una pícara banda sonora orquestada donde destacan clásicos como “Sing, Sing, Sing”.

El filme es un muestrario de cómo se hacían las películas de antes, desde dentro y fuera, paseándonos por los pasillos de los estudios de cine de los 30’s con un diseño de producción detallado, perfectamente ejecutado hasta en las texturas -naturalmente con ciertas licencias-, filmada con planos y tecnología actuales o vigentes, que muestran su magia en la hermosa secuencia de Seyfried y Oldman caminando en un jardín zoológico privado.

Claramente esta onda del “Old Hollywood” no pasa de moda y sabemos que la Academia ama los homenajes de amor a su industria, aunque en este caso el homenaje sea únicamente visual ya que la crítica cae implacable encima de ella, exponiendo los problemas de la época y hasta interpelando qué tanto han cambiado las cosas hasta nuestros días. Se indaga claramente sobre el poder del arte, el entretenimiento y el cine, particularmente como herramienta política -algo que ni en Paraguay es desconocido-, con producciones que tienen un enfoque u objetivos casualmente muy acordes a algo que puede beneficiar la mirada pública hacia algún asunto nacional. 

¿Será que aún con toda esa crítica llegará a los Oscars? Probablemente, sí.

La película está disponible en Netflix

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