Moscú: La felicidad es invisible

Gustavo Ilutovich dirige su octavo montaje del autor Mario Diament, una versión libre de Las Tres Hermanas de Anton Chéjov protagonizada por Dayana Urunaga, Andrea Quattrocchi y Jazmín Romero.

Ilutovich es claramente el director diamentano de Asunción: ésta es la octava obra del autor argentino que se presenta en nuestro país bajo su dirección, siendo la última en estrenarse el drama Por Amor a Lou, nominada a varias categorías de los Edda; y está por estrenarse Los amantes de la Casa Azul en Arlequín Teatro, donde no oficiará como director sino como actor en el papel de Trotsky. 

Mario Diament propone una versión libre de Las Tres Hermanas de Chéjov, donde reduce la cantidad de personajes de 14 a sólo las 3 protagonistas. Una obra simple de seguir pero a su vez con una importante complejidad por los variados temas que toca sin perder la esencia de la pluma de Chéjov ni variar el argumento principal: tres mujeres burguesas decepcionadas de su realidad, idealizan un pasado y un futuro en Moscú.

Es claro que el centro de la dirección de la obra se encuentra en la actuación de las tres protagonistas, la visualización pasa a un segundo plano, claramente cuidada pero funcionando más que nada como un aspecto complementario a la historia. Una escenografía austera: la sala de la casa de las hermanas Prozorov, en los ojos de Ilutovich, sólo consta de unos pocos elementos antiguos y de diseño específico que nos remite a la Rusia de inicios del siglo XX. 

En cuanto al vestuario es necesario destacar que a partir del diseño de los mismos se puede intuir la historia de cada una de las hermanas: un diseño más simple y suelto con una falda rosa suave para Irina; cuello alto, ornamentaciones y texturas fuertes en tonos marrones para Olga; y por última Masha, aprisionada por el negro pero con un destello rojo apasionado en un pañuelo. Cada uno de estos vestuarios tiene pequeñas variaciones armónicas hasta tornarse completamente blancos. Sí es justo decir, hilando fino, que los vestuarios brillaban de nuevos, y podría haber ayudado mucho a la construcción de la realidad si a través de ellos se reflejase el desgaste de esa vida provincial.

En cuanto al diseño de iluminación se utiliza una luz general bastante neutral, con el efecto de ventanales de la casa y variaciones sutiles sólo para ajustar la atmósfera del relato en momentos clave, los cambios de luces resaltantes son muy puntuales.

Cuando un texto tiende al realismo, a menos que se trate de una propuesta muy particular, es un poco nebuloso encontrar las marcas de dirección. Sin embargo, éste no es el caso: a Ilutovich se lo ve muy presente, hilvana los diferentes momentos de la obra, trabajando puntualmente los de frustración.

El bien seleccionado trío de actrices que promete desde el cartel con un nivel bastante parejo, afronta la decisión del clásico, que al inicio se siente frío pero que apenas al pasar un quinto de la obra se enciende, manteniéndose conciso y fluido.

Jazmín Romero, vuelve a trabajar con el director después de protagonizar a la poetisa Lou en la obra Por Amor a Lou, esta vez interpretando a la hermana del medio, Masha, asfixiada pero con una pequeña ilusión por el cambio. Romero maneja tan excelentemente el texto clásico que logra airosamente exprimirle el humor, viviendo cada una de las frases pronunciadas con pequeños matices que vienen de su trabajo interno, resultando en una interpretación pícara, encantadora y peculiar.

Dayana Urunaga interpreta a Olga, la mayor de las hermanas, que se aferra a las costumbres con esperanzas de conseguir lo que se le ha prometido. Urunaga utiliza su voz y su gestualidad facial para determinar la edad de su personaje, en su interpretación podemos sentir la impotencia de la hermana que ha visto las cosas caer ante sus ojos. Un retrato de una mujer conservadora, dúctil pero poco ingenua.

Andrea Quattrocchi vuelve al teatro tras la comedia Arroz con Leche. Es un gusto ver a la más mediática de las 3 actrices en un papel como éste, fuera de lo que normalmente vemos de ella y más con un resultado tan bien logrado. Quattrocchi como Irina carga sobre sus hombros el ser la joven promesa de la familia, bordando en su trabajo actoral la pasión ferviente de juventud que busca por algo mejor, reflejada principalmente en un hermoso monólogo que finaliza en lágrimas. 

Las tres hermanas, desde la obra Moscú, se cuestionan el rol cambiante de la mujer en la sociedad y sus dificultades, en una batalla entre los cánones de la época y una realidad incipiente que los cuestiona, poniendo en duda el deber, el amor, la felicidad y la posibilidad de alcanzarlos.

Moscú continúa con funciones los viernes y sábados a las 21 hs. y domingos a las 20 hs. en la Sala La Correa, con entradas a 80.000 Gs.

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